La Universidad del Medio Ambiente (UMA) es una institución educativa de posgrado especializada en temas ambientales, localizada en Valle de Bravo, Estado de México. La UMA ofrece un sistema de aprendizaje innovador para apoyar y retar a agentes de cambio en el co-diseño de un futuro sustentable, resiliente y regenerativo.
jueves, 16 de agosto de 2012
Tercer Taller Ciudadano
El Observatorio
Ciudadano de la Cuenca Valle de Bravo-Amanalco ha iniciado una serie de seis
talleres para conocer y analizar la propuesta del Nuevo Plan Municipal de
Desarrollo Urbano de Valle de Bravo y conciliar opiniones que puedan complementar
este proyecto.
Te invitamos a
participar en el tercer taller este lunes 20 de agosto de 9:00 a 14:00 en el
Centro Regional de Cultura Joaquín Arcadio Pagaza, ubicado en Fray Gregorio Jiménez de la Cuenca s/n,
Colonia Santa María Ahuacatlán (frente al Embarcadero Municipal).
Contaremos con
la presencia de un especialista que impartirá una Sesión teórica sobre Desarrollo Urbano Sustentable y
se profundizará sobre las
diferencias del nuevo Plan propuesto y el Plan vigente.
Si no pudiste asistir a los talleres
anteriores, todavía puedes unirte al proceso. Únicamente te sugerimos revisar
el siguiente vínculo de Internet donde encontrarás el Documento de la propuesta
del nuevo Plan Municipal de Desarrollo Urbano para que lo conozcas y puedas
participar activamente en las Mesas de Trabajo.
http://www.valledebravo.gob.mx/pdf/PMDU%20VALLE%20JULIO%2012.pdf
Favor de confirmar su asistencia: info@observatoriovalle.org.mx
lunes, 2 de julio de 2012
Nuestros Emprendedores
PROYECTO RECOVECO
Entrevista con: Ana Sofía Ruenes
Ana
Sofía Ruenes nos cuenta que el proyecto Recoveco se llama así porque son
espacios en la naturaleza en donde los niños pueden aprender jugando con ella.
Su
misión es ofrecer experiencias transformadoras en la naturaleza, buscando
facilitar el reconocimiento del vínculo con ella, que lleve a tener una nueva
cultura medioambiental para vivir cada día en un mundo más sano, equilibrado y
mejor.
“Recoveco
crea espacios en donde podemos experimentar diferentes actividades que nos
hagan consientes de que somos naturaleza”, explicó Ruenes.
Se
enteraron de la UMA a través de una
amiga, que tuvo la oportunidad de asistir a talleres de planeación del
programa. Ambas participaron en el mismo programa. “Para mí, era una plataforma
para desarrollar algunas ideas que tenía, pero terminó surgiendo Recoveco, que
es una idea con la que tengo una gran identificación”.
Hoy
en día, Recoveco tiene un grupo de colaboradores, asesores y aliados
estratégicos que están trabajando en conjunto para el primer sitio. El equipo
incluye psicólogos, pedagogos, especialistas en diversos temas ambientales y de
experiencias en la naturaleza.
“Recoveco
ya desarrollo el concepto, el nombre, la identidad corporativa y estamos en la
etapa final para iniciar el desarrollo del primer espacio”, adelantó Ruenes.
martes, 29 de mayo de 2012
El agua que no vemos
Por: Francisco Bonilla
“Agua
pasa por mi casa” versa una rima infantil, pero… ¿realmente tenemos consciencia
plena de toda el agua que pasa frente a nosotros para satisfacer nuestras
necesidades diarias?.
Con menos
de una década de existir, el concepto “agua virtual” cuantifica la cantidad de
agua que se requirió a lo largo de cualquier cadena productiva para dar como
resultado un producto específico; por ejemplo: para producir 1 taza de café se
requieren 150 litros de agua (aproximadamente), y para producir 1 kg de carne
se requieren 3,000 lt de agua; desde el agua utilizada para cultivar los granos
y plantas requeridas para alimentar a las vacas, el agua consumida por ellas,
el agua utilizada durante el proceso industrial hasta el empacado y entrega al
consumidor final.
Todo lo
anterior solo pone en evidencia lo limitada que es en la realidad nuestra percepción
del fenómeno del agua y los grandes problemas asociados a él; ya que solamente
es con una pequeña fracción de ella con la que físicamente interactuamos todos
los días al abrir la llave del lavabo, al bañarnos, al cocinar o al beber agua
embotellada. Sin embargo para bien o para mal, los grandes problemas y las
grandes soluciones se gestan en el agua que no vemos y que silenciosamente
viaja a través de todas las cadenas productivas sin que su valor sea reconocido
económicamente como tal; ya que el agua es un bien que pareciese hemos dado por
sentado que ahí está, y que podemos desplazarlo globalmente junto con nuestras
mercancías. Si quisiésemos encontrar algún “punto de acupuntura” en el sistema,
donde poder hacer un cambio para construir como civilización un verdadero uso
sustentable del agua, sin duda radicará en el fenómeno del agua virtual; ya que ahí es donde incuban algunas de
las importantes semillas de ajuste o desajuste en el ecosistema planetario.
Para
tener un poco de claridad al respecto, comencemos por comprender que a nivel
país (en términos generales), el 80% del
agua se utiliza para producir comida el 10% se utiliza en la industria, y
solo el 10% restante se utiliza en nuestras casas, hoteles, centros comerciales
y oficinas. Expresado de otra manera: aún si las grandes campañas de
comunicación en exhorto para hacer un uso eficiente del agua logran despertar
en el ciudadano el cometido de ahorrar agua y hacer uso eficiente de ella;
estaremos incidiendo únicamente sobre el 10% del problema cuando en una sociedad de consumo globalizada el
problema real radicará en el agua virtualmente contenida como equipaje en los
objetos que consumimos, la manera en que los consumimos y la forma en que
fueron producidos. Para ilustrar lo anterior basta comparar la ración de
palomitas que se nos ofrece en el cine hoy en día (donde por dos pesos
adicionales podemos obtener una ración tamaño cubeta, mas parecida a un florero
que a una bolsita con golosinas), con el
tamaño una de ración considerada como “normal” hace dos décadas.
De la
misma manera podemos ir comparando presente y pasado en el tamaño de las
raciones de comida servidas en los restaurantes, la comida disponible en los
centros comerciales, la diversidad de oferta y de productos a las que podemos
aspirar, así como el origen y lejanía de la gran mayoría; todo ello con enormes
aspectos económicos positivos; pero con una faceta oculta que contribuye a la
complejidad de un problema creciente: el desplazamiento
de agua virtual en el comercio global.
Aunque el
comercio siempre ha sido parte
fundamental de nuestra civilización, nunca como en el momento presente
habíamos sido capaces de desplazar tal volumen de mercancías alrededor del
globo, de manera tan intensa y tan rápida; lo cual va acompañado de manera
inherente por un desplazamiento de agua virtual “contenida” en los productos
transportados de un lugar a otro. Es decir: Para comercializar una playera de
algodón importada a México desde Estados Unidos y manufacturada en China, la
materia prima probablemente haya tenido como origen una cuenca del norte de
México (a un costo por el uso del agua agrícola casi cero); donde probablemente
se realizó un uso intensivo del agua (el algodón es un cultivo sediento), para
posteriormente exportar dicho algodón al otro lado del mundo, donde fue
transformado en tela y camisetas; para volver a ser trasladado nuevamente a una
o varias partes lejanas del mundo, para su comercialización. De lo que no se
hizo un recuento en esta historia, fue del agua requerida para el cultivo de
una especie sedienta; del agua utilizada en el proceso de volver el algodón
tela y camisetas, añadiéndole marginalmente al total agua virtual conforme
aumentan los procesos de transporte y los intermediarios en la comercialización
del producto.
Siguiendo
con el ejemplo anterior, podríamos citar que las prácticas de agricultura
actuales (en términos generales), han tendido a sustituir masas de ecosistemas
ecológicamente productivos que brindan enormes servicios ambientales (cuantificables
todos ellos, como la producción de oxígeno, la regulación del clima y la
recarga de mantos acuíferos), por grandes extensiones de cultivos de una sola
especie; altamente productivos en términos económicos, pero totalmente
improductivos en términos ecológicos. Tal sería el caso de las selvas
Amazónicas en Brasil, que son taladas para sembrar caña (un cultivo sediento), en
aras de producir etanol que será exportado a Estados Unidos para producir
biocombustibles, que le darán a su vez de beber a vehículos que fueron diseñados
para la guerra; pero que son utilizados por algunas amas de casa para ir al
supermercado. En este caso se cambió un
ecosistema altamente productivo en términos ecológicos (el cual generaba
agua); por un ecosistema sediento que
consume servicios ambientales en lugar de generarlos. Acompañado a lo
anterior viene el traslado virtual de agua de un sistema complejo vivo, a un
sistema de consumo de recursos histérico (el consumidor Estadounidense de
biocombustibles para camionetas y vehículos suburbanos).
Un factor
que aumenta la complejidad del fenómeno (por no llamarlo problema) es la
presión sobre el recurso, entendiendo esto como la relación del agua que
extraemos de la naturaleza (particularmente del subsuelo) respecto a la que
permitimos que se reintegre de manera natural y/o artificial (en especial para
la recarga de mantos acuíferos). Como referente podremos mencionar que un
enorme porcentaje de acuíferos de nuestro país se encuentran sobreexplotados;
volviendo el problema particularmente delicado en ecosistemas cálidos y secos, cuya
historia geológica les ha permitido tener enormes reservas subterráneas de agua,
pero las condiciones de clima actuales no les permiten reintegrar al subsuelo
agua en la misma proporción de la que se puede extraer. Estas cuencas son
particularmente vulnerables cuando se les integran prácticas de cultivos (propicios
a temperaturas cálidas), rentables económicamente; pero enormemente sedientos,
volviéndolos ecológicamente ineficientes. Si sumamos todo lo anterior a una red
de comercio global, lo que estaremos presenciando es el mayor movimiento de
agua virtual de la historia, donde una minoría altamente consumidora con poder
económico; estará viviendo mas allá de las capacidad de carga de la tierra para
sostener la vida en su lugar puntual de residencia, sacrificando el equilibrio
ecológico y disponibilidad de recursos hídricos de los habitantes lejanos
(humanos y no humanos) en otras cuencas y otros sitios del planeta.
lunes, 30 de abril de 2012
miércoles, 14 de marzo de 2012
Los moldes mentales con los que miramos al mundo
Por: Arq.
Francisco Bonilla Sevilla
Siempre
es interesante observar el espacio de trabajo de una persona, ya que el estado
de orden y organización en la que éste se encuentre, generalmente será un
reflejo del orden que habita en su mente; lo anterior ocurre en gran medida
debido a que la manera en que su mundo inmediato esté estructurado
corresponderá a los moldes mentales con los que se entiende la realidad, de tal
suerte que; alguien cuyo entorno es un hábitat caracterizado por desorden y
suciedad no es sino referente de lo que para su mente es “lo normal”; y dicha
normalidad se manifestará en los muchos otros componentes de la vida; tales
como, sus relaciones interpersonales, su hogar y su interacción con el medio
ambiente. Consecuentemente, tal vez sería sano hacer un alto, en lo individual
y en lo colectivo para revisar la manera en que están estructurados los moldes
mentales que conforman nuestra realidad y con los que interactuamos con el
mundo; a manera de verificación y de examen de conciencia.
Una
primer escala en esta revisión podría comenzar evocando a todos aquellos
conductores que bloquean el tráfico cotidianamente con sus arbitrariedades y
desórdenes, ya sea por estacionarse en doble fila, por hacerlo en lugares
prohibidos o por darse vueltas prohibidas. Para dichos conductores, en su molde
de pensamiento es “normal” pasar por encima de los derechos de los demás en
aras de toda clase de justificaciones; con tal de pasar más rápido, ahorrar
tiempo o caminar menos. Seguramente esos mismos conductores cuando escuchan las
noticias acerca de los desastres naturales cuya incidencia e intensidad ha
aumentado debido al cambio climático; se acongojan, se mortifican, se indignan se
preocupan; y sobre todo se preguntan si todo eso les puede pasar a ellos; pero
no hacen en su mente las conexiones entre sus conductas y el calentamiento
global, entre sus arbitrariedades en el tráfico y la emisión de gases invernadero innecesariamente
emitidos a la atmósfera por todos aquellos coches que quedaron momentáneamente
varados mientras se obstruía el tráfico.
Otro
ejemplo podríamos encontrarlo en los moldes mentales de miles de familias
mexicanas, cuyos integrantes tratan de llevar una vida socialmente correcta, y sus
conductas están regidas por estos mismos cánones.
Desafortunadamente, los moldes actuales que la sociedad establece, incluyen
inherentemente altas cuotas de destrucción en nuestro interactuar con el
planeta. Para ilustrar lo anterior, retomemos el ejemplo de la navidad, donde
lo políticamente correcto es que las
personas se obsequien regalos entre sí; dicha costumbre tiene un fondo positivo
de integración familiar y social, pero la
manera en que ejercemos dicha costumbre se ha convertido con el paso de los
años en altamente destructiva para nuestro medio ambiente debido a que la
producción de bienes de consumo innecesario, sus empaques y envolturas causa tanto
una enorme huella ecológica, como una enorme masa de desechos sólidos, líquidos
y gaseosos donde; por cada unidad de producto manufacturado, se generan por lo
menos 14 unidades de desecho; eso, en adición al hecho de que al terminar su
vida útil (no mayor estadísticamente a nueve meses), dichos bienes de consumo acabarán
también convertidos en desechos y depositados basureros y rellenos sanitarios,
que no son sino los cementerios de nuestra civilización industrial.
Continuando
este ejemplo de reflexión acerca del individuo cuyas conductas son políticamente correctas, donde él o ella son ciudadanos responsables,
fueron estudiosos durante su paso por la escuela, cumplen las leyes, pagan sus
impuestos, se informan en los medios de comunicación, opinan sobre política,
ejercen sus derechos ciudadanos y además trabajan arduamente para construirse
una sólida posición en el porvenir. Sin embargo, ¿Se habrá preguntado alguna
vez ese ciudadano tan políticamente correcto cuales serán las
características reales de ese porvenir que con tanto esfuerzo está tratando de
construir?, ¿Se habrá preguntado si los moldes de pensamiento con los que
ejerce sus conductas serán compatibles con un mundo donde aceleradamente se
está degradando el medioambiente, se está debilitando la salud de los ecosistemas
conjuntamente con la capacidad planetaria de sostener la vida, y se están depredando
los recursos naturales gracias a nuestra sociedad de consumismo histérico tan políticamente correcta?, ¿Se habrá
percatado que sus referentes mentales de realidad son incompatibles con la
supervivencia de la civilización en el largo plazo?, ¿Tendrá conciencia el
ciudadano políticamente correcto que
el adquirir bienes de consumo absolutamente inútiles a precios altamente
convenientes solo está construyendo historias de dolor, injusticia,
desigualdad, explotación de recursos y uso innecesario de combustibles; así
como la emisión de gases a la atmósfera, desechos a los cuerpos de agua y
destrucción de hábitats naturales?.
En
los ojos del ciudadano correcto, “lo
bueno de lo malo es que siempre pasa en otro lado”, y a sus ojos; mientras él cumpla con su parte del pacto social; las externalidades
negativas que su existencia causa deberán pasar a ser responsabilidad de
alguien más; pero… ¿Qué pasaría si los moldes con los que el ciudadano modelo interactúa con la
realidad ya hubieran perdido vigencia?, ¿y si aquellas creencias que tanto
atesoramos solo estuvieran alimentando un modelo social altamente
destructivo?¿no será acaso tiempo de comenzar un proceso de transformación
individual para tratar de mitigar las consecuencias inesperadas del experimento
medioambiental a gran escala que nuestra civilización actual está realizando sobre la tierra?, ¿Será acaso
tiempo de cambiar?, y si lo es ¿Por dónde comenzar?
Probablemente
el punto de partida comience por la revisión de los modelos con los que miramos
al mundo; por ejemplo, ¿Será necesario cambiar de modelo de teléfono celular
cada año?, ¿será indispensable tener un guardarropa lleno con prendas de última
moda que solo usamos unas cuantas veces?, ¿Será necesario comer una cubeta de
palomitas en el cine en el lugar de una ración normal?, ¿Será necesario
atiborrar nuestros estómagos en un buffet en lugar de consumir una medida
racional de comida?, ¿Será necesario asistir histéricamente a las catedrales
del siglo veintiuno (los centros comerciales) para llenar nuestro vacío
existencial en lugar de en lugar de estar desarrollando actividades que
enriquezcan el alma y enaltezcan el espíritu?, ¿tener para aparentar y
aparentar para pertenecer será la respuesta al sentido de nuestra existencia?, ¿Pisotear los derechos de quienes nos rodean
obligándolos a respirar gases intoxicantes será un modelo de trascendencia?,
¿no serán la crisis climática, energética, alimenticia y financiera que estamos
viviendo a nivel internacional suficientes llamadas de atención y de cambio?, ¿será
este el plan original de la madre naturaleza?, ¿es acaso que la naturaleza
funciona así?
A ti
lector, enviamos estas líneas como
mensaje en una botella, para juntos, con la suma colectiva de acciones individuales de cambio, podamos ayudar a construir el porvenir.
jueves, 23 de febrero de 2012
Agente de cambio: Universidad del Medio Ambiente
Entrevista realizada por la revista Código a
Dra. Victoria Haro - Directora Académica
Por: Nadia Benavides
Hasta 2010 había en México sólo ocho universidades que impartían la carrera de Licenciatura en Ecología y Medio Ambiente. La Universidad del Medio Ambiente busca formar agentes de cambio que contribuyan a lograr las metas de sostenibilidad que se necesitan a nivel mundial. ¿Cómo nace la Universidad del Medio Ambiente?
Hacía falta un nuevo modelo educativo que fuera más útil para generar agentes de cambio capaces de liderar o de participar de una manera efectiva en la transformación hacia la sostenibilidad ambiental.
Decidimos que la Universidad fuera una empresa, del tipo de empresas que nosotros quisiéramos promover dentro de la universidad, es decir empresas privadas con fines públicos. Se trata de empresas que además de buscar utilidades también buscan beneficios sociales y ambientales.
¿Cuáles han sido las mayores dificultades con las que se han enfrentado?
Conseguir la inversión para crear la universidad fue difícil porque había que comunicar este nuevo modelo.
¿Cuál es la importancia de la educación ambiental a un nivel académico?
Ésta es la primera universidad de estudios ambientales en Latinoamérica y nuestro público objetivo es latinoamericano, no sólo mexicano.
Nuestro sistema no es teórico, sino que se basa en la concreción de proyectos. Mientras estudian, los alumnos desarrollan un proyecto.
Empezamos con maestrías; decidimos elegir gente que ya estuviera trabajando para que el foco principal de la maestría fuera su propia actividad laboral. Las maestrías son así espacios de resignificación y rediseño de la actividad laboral cotidiana.
Queríamos que se aprendiera a través del hacer, que iniciara con gente que ya estuviera trabajando y que fuera una educación diseñada para el perfil de agentes de cambio, que no es cualquier persona. El agente de cambio necesita un trabajo personal, un entrenamiento en habilidades de liderazgo.
Siempre es importante sumar. ¿Cómo ser un agente de cambio?
Hay que iniciar buscando el equilibrio dentro del sistema más pequeño, que es nuestro sistema familiar y personal, antes de pasar a sistemas más grandes como el comunitario o el socioambiental.
Nosotros enfatizamos que la sostenibilidad no es sólo un asunto de medio ambiente, también es un asunto social; es decir, no sólo implica regenerar el ambiente, sino también regenerar las relaciones humanas. Tres preguntas útiles que te puedes hacer para empezar a ser un agente de cambio: ¿qué estás comiendo?, ¿de dónde viene tu comida?, ¿de dónde viene tu agua? Otra pregunta es ¿qué puedo hacer para tener mejores relaciones familiares?
http://www.revistacodigo.com/pages/671-agente-de-cambio-universidad-del-medio-ambiente
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